sábado, 13 de febrero de 2016

LOS ORÍGENES PAGANOS DE SAN VALENTÍN


En Occidente, particularmente en el mundo anglosajón, todos los 14 de Febrero se celebra el “Valentine’s Day” o “Día de San Valentín”, una mixtura entre el onomástico de un santo católico, de dudosa historicidad, y tradiciones populares coptadas por el mercantilismo moderno, para generar un día de esos, donde “todo el mundo” va y compra estupideces para regalar a “quienes ama” (del mismo modo que el “día del padre”, “de la madre”, “del niño”, etc… etc…). Este “Día del Amor” o, en algunos países, “Día del Amor y la Amistad”, es celebrado por personas de diversas creencias, sin tener la más mínima idea, sobre su origen o verdadero significado. Algo común en la sociedad moderna, pero que con algunas conmemoraciones de raigambre pagana, usurpadas por el Cristianismo, adquiere un cáliz de necesaria reivindicación y desagravio (tal como ocurre con el “Día de los muertos” / Samhain; la “Navidad” / Saturnalias o el “May Day” / Beltane entre otros muchos casos). ¿Quién fue Valentín? Para entender los verdaderos orígenes paganos de esta celebración del “amor”, hay primero que explorar el mito cristiano y el cómo, encima de la leyenda sobre uno de sus presuntos santos, se fue acumulando toda la melosa parafernalia que acompaña a la celebración, tal cual la conocemos hoy. Para comenzar, debemos precisar que existen (o más exactamente, existieron) tres “santos” en el santoral católico, candidatos a ocupar el título de “San Valentín” (como patrono de los “enamorados”). De ninguno de ellos se tiene certeza respecto de su historicidad o de los hechos reales de sus vidas (esto es reconocido incluso por la Iglesia Católica). De hecho, estos personajes ya no son “santos”, al menos no dentro del ámbito católico (todavía se los venera como tales en la Iglesia Ortodoxa y en la Anglicana), porque en 1969 la ICAR los eliminó del “Santoral”, con el fin de tratar de blanquearlo, quitando de él a todos aquellos personajes que no gozaban de historicidad confirmada (o al menos probable). Los tres hombres aludidos, presuntamente murieron como mártires en el año 270 d.C., en la Roma pagana, durante el reinado del emperador Claudio II “el Gótico”. El primero de estos (quizás el que más relación tenga con la idea del “amor romántico”, por lo que se explicará a continuación), parece haber sido un sacerdote que se dedicaba a casar soldados en secreto. Esto era así, porque el emperador había dictado una ley que prohibía los matrimonios de mujeres jóvenes con hombres de la milicia, por argumentar que estos debilitaban el interés y fidelidad de los mismos hacia el ejército, a causa de tener una familia en quienes pensar. Este sacerdote fue condenado a muerte por Claudio, por desobedecer dicha ley y, además, por ser un proselitista cristiano. Se decía que muchas parejas de enamorados cristianos, le rezaban pidiéndole que permitiera la consumación de su “amor” y les diera una larga vida juntos. Este “Valentín”, es muy venerado en Francia, en donde, durante la Edad Media, se gestaron la mayoría de las leyendas sobre su vida. Los otros dos “valentines”, no parecen tener demasiada conexión con el “amor” o el “romanticismo”. Uno fue un obispo de la ciudad de Interamna (hoy Terni, Italia) y otro un mártir de los territorios romanos en África. La tradición sobre el “Valentine’s Day” parece haberse creado lentamente, pero no hay ningún indicio claro anterior a mediados del siglo XIX. Se sabe que en 1840, ya se comenzó con la mercantilización de la tradición, vendiéndose tarjetas de salutación con forma de corazones, con imágenes de Cupido y cosas semejantes. A lo largo de los últimos años, “Valentine’s Day” ha dejado de ser una fiesta casi exclusivamente anglosajona, para popularizarse en América Latina y el Sur de Europa. La conexión pagana: Ya en la Antigua Grecia existían celebraciones en honor a Eros y Afrodita durante la mitad de febrero. En estos días, las jóvenes parejas de griegos y luego los romanos (con Cupido, la versión romana de Eros), que estaban enamorados y querían consumar su matrimonio, hacían ofrendas especiales (“regalos”) a este dios, con el propósito de propiciar su ayuda. Es muy posible que de ello provenga la primer versión de los “regalos y salutaciones” relativas al amor romántico. Pero es en un ritual romano de “pasaje” (del tipo que llevaban a cabo los adolescentes antes de convertirse en hombres adultos en muchas sociedades antiguas), en donde encontramos el origen real de la tradición del “Día del Amor”. Lupercales: Los antiguos romanos celebraban durante el 15 de Febrero, la fiesta de las Lupercales. Correspondía al “Diem XV Kalendas Martias”, en términos de su calendario. Según la mitología, los ritos correspondientes habían sido instituidos por Evander o Evandro (del griego Εὔανδρος = “buen hombre” u “hombre fuerte”). Este personaje era rey de los arcarios, un pueblo del Lacio, y se lo creía hijo de Mercurio (el Hermes romano) y la ninfa itálica Carmenta. Se decía de él, que era un rey sabio, valiente y bondadoso y fue quien, según el mito de la fundación de la ciudad, condujo a su pueblo desde Grecia hasta la península itálica. A su muerte, se lo deificó. El nombre de la celebración deriva del “lupus” (lobo, en latín), el animal sagrado o totémico del Fauno Luperco y de “hircus”, el macho cabrío, que era considerado (ya por entonces) un animal impuro. El Fauno Luperco o Pan Liceo (“Pan Lobo”, por: “liceo”, en latín = “lobo”, que a su vez proviene del griego “Lýkos”) estaba relacionado con Fauno (del cual se creía que había uno principal y otros muchos menores en importancia). Fauno (en latín Faunus, “el favorecedor”), era una de las deidades más populares y parte de los di indigetes (o dioses aborígenes de Roma). Cabe recordar que, Pan (entre los griegos) y Fauno (entre los romanos) era el dios de los pastores y rebaños. Originalmente muy venerado en Arcadia (Grecia), donde existían grandes santuarios en su honor. Los romanos adoptaron a este dios y le agregaron sus propias características. En ambas culturas, era una deidad de la fertilidad de la tierra y de los animales (incluido el hombre). Regía la sexualidad masculina desenfrenada y el apetito sexual en general. Se creía que pasaba gran parte del tiempo persiguiendo a las ninfas y a las personas jóvenes en los bosques, en busca de obtener sus favores sexuales. También era el dios de los vientos de la aurora y el ocaso. En Roma, cada año se conformaba un cuerpo especial de sacerdotes, llamados “los lupercos” o “Luperci” (“sodales luperci” = “miembros -o amigos- del lobo”). Se los seleccionaba de entre las familias más ilustres y debían ser, en tal momento, de edad adolescente. Los lupercos debían pasar un tiempo determinado, sobreviviendo exclusivamente de la caza, el robo y el merodeo en los bosques, hasta llegar a su iniciación a la edad adulta (muy similar a los espartanos, durante los años que vivían en el Agogé). Este pasaje se trataba de un tiempo sagrado, en el cual se comportaban simulando ser lobos humanos. Cada 15 de febrero se reunían en la gruta Lupercal o Rominal (en honor a Rómulo), en el monte Palatino. Esta gruta era sagrada porque, según la tradición, era donde el Fauno Luperco se transformó en una loba, para poder amamantar a los gemelos fundadores de la ciudad: Rómulo y Remo. La tradición también decía que en el mismo lugar había una higuera, muy venerada, donde había estado la cesta con ambos bebés abandonados. En el lugar de la higuera, se llevaban a cabo los sacrificios de un perro y un macho cabrío, ambos animales considerados impuros. Después se tocaba la frente de los lupercos con el cuchillo teñido con la sangre de la cabra y a continuación se borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche del mismo animal. Se generaba entonces risas y gemidos rituales y las pieles de los animales se cortaban en tiras, a las que los romanos llamaban “februas” (algunos autores ven en esto, uno de los posibles orígenes para el nombre del mes de Febrero). La fiesta lupercal en sí, iniciaba cuando los lupercos comenzaban a correr desenfrenadamente, cubiertos de unas pocas tiras de cuero y pieles de lobo, alrededor del monte Palatino. La tradición dictaba que golpearan a todas las personas que se cruzaran frente a ellos. El hecho de ser flagelado por las tiras de cuero, creadas a partir de los animales sacrificados, era considerado un acto de purificación y de propiciación de la fertilidad, al cual los romanos llamaban “februatio”. Entre las mujeres, se creía que este rito aumentaba la fertilidad. Las marcas púrpura de los azotes representaban al color emblemático de las prostitutas sagradas, que más tarde llevaban a cabo el acto sexual con los lupercos, en el Ara Máxima. A las mismas se las llamaba “lobas” o “lupas”. Aparentemente, el relacionar el color púrpura con la prostitución se originó en la conexión que los romanos creían tener con los troyanos. Según cuenta Homero, en la Iliada, Elena de Troya (por entonces “de Esparta”), vistió ese color, como era la costumbre, cuando fue presentada a su marido Menelao, rey de Esparta. (En la actualidad, las feministas adoptaron ese color en la creencia de que es emblemático en relación a la explotación y el abuso del género masculino sobre el femenino). El mandato sobre tal purificación ritual, parece haber comenzado con el mismo reinado de Rómulo, primer rey de Roma, cuando las mujeres romanas quedaron estériles. Para buscar una solución al problema, se consultó al oráculo de la diosa Juno (esposa de Júpiter y el equivalente romano de Hera, en la Antigua Grecia), el cual estaba situado en el bosque Esquilo. Al ser consultada, la diosa respondió: “Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrío velludo”. Así que esa sería la razón, por la cual los lupercos iban desnudos, ungidos en la sangre de los animales impuros sacrificados ritualmente, simulando un estado salvaje, de cazadores y haciendo que los látigos creados con las pieles de los animales, representaran el miembro masculino. Júpiter y Juno: De modo más general y abierta a toda la población, existía en Roma otra celebración paralela que pudo haber influenciado a la tradición del “Día del Amor” o “Valentine’s Day”: Los dos día previos a la Lupercales (13 y 14 de febrero), estaban dedicados a Juno, en su advocación de “Iuno Februa” o “Juno Purificadora” (también: “Juno la Casta”). Esto era parte del mes (entre la segunda mitad de Enero y la primera de Febrero) dedicado a la institución matrimonial y al vínculo entre esta diosa y su esposo Júpiter (el “Rey de los Dioses” y equivalente al Zeus griego). De las Lupercales a “San Valentín”: Al convertirse el Imperio Romano al Cristianismo, se comenzó a desarrollar la leyenda de Valentín (el “santo” antes mencionado) y se lo utilizó para remplazar las festividades paganas de mediados de Febrero, como parte del plan sistemático de la Iglesia para borrar todos los vestigios de paganismo del calendario europeo. Aunque las Lupercales sobrevivieron en forma de algunos “carnavales” pintorescos y rituales populares profanos, la celebración oficial dejó de existir en el año 494 d.C., momento en el cual el papa Galesio I, prohibió a tal celebración y la condenó como algo “impío”. Váli Bót: No sólo fue en Grecia y Roma en donde se celebraban eventos relacionados con los dioses de la fertilidad durante la mitad de febrero. Entre los nórdicos, durante el 14 de ese mes, se llevaba a cabo el Váli Bót o “Festividad de Váli”. Váli era el dios de la luz eterna y la venganza, pero al igual que la mayoría de los dioses nórdicos-germánicos, tenía un carácter dual y lo era también de la pureza, los días soleados, los sentimientos nobles y puros y de los amantes. El origen de este dios es particular, puesto que no provino de los tiempos antiguos, proto-germánicos o proto-nórdicos, como la mayoría de los dioses del panteón. Por el contrario, Váli fue una invención progresiva de los escaldos, los bardos y poetas esclavos, que entretenían a los reyes y altos nobles con las leyendas de los héroes y los dioses. Se creía a Váli, hijo de Odín y de la giganta Rind. Se lo imaginó como dios de la venganza, porque fue quien colocó a Höðr sobre una hoguera para vengar la muerte de Baldr (quien era hermano de Höðr). Váli hizo esto, porque este dios, que era ciego, fue el ejecutor del plan de Loki para matar a Baldr, quien lo manipuló mediante engaños. Váli era el mejor arquero entre los dioses de Asgard, por lo cual se lo imaginaba lanzando flechas certeras y, en su calidad de deidad de los sentimientos amorosos, tal vez pudiera haber recibido, a través de sincretismos culturales, algunos de los atributos del Eros/Cupido de la mitología clásica. Todo el mes de febrero estaba dedicado a Váli, el cual era denominado por los nórdicos, como Liosberi, “el (mes) portador de luz”. Al ir avanzando el Cristianismo por sobre la sociedad pagana, las creencias populares fueron dotando a Valentín (hacia la Edad Media, ya un “santo” con una florida mitología) de los mismos atributos de Váli: Se le dedicó el mismo mes, se pensaba que era un diestro arquero (?) y se lo imaginaba el heraldo de los días más brillantes. Finalmente también se le asignó la cualidad de “despertar” sentimientos puros y tiernos entre los amantes.